Así titulé hace ahora un año el post en el que reflejaba mi estado de ánimo, mis miedos, mis esperanzas ante mi primera cita maratoniana. Atrás habían quedado muchos (más bien pocos me parecen ahora) kilómetros recorridos, ilusión, esfuerzo, constancia. Ahora la situación es otra distinta. Voy a hacer como quien, el día de la víspera repasa, recoloca y clasifica el ordenado caos de apuntes con el que ha preparado un examen.
Llego al punto culminante de la temporada, a mi cita con el Maratón de Madrid después de haber hecho una preparación en tiempo récord, saliendo de la lesión de rodilla y tratando de acumular los máximos km posibles. Esto me ha llevado a conseguir un estado de forma que nunca había tenido, con rebajas importantísimas en mis tiempos de 10km y Media Maratón. Pero todo se puede ir al traste por la lesioncita de la rodilla buena... mira tú por dónde.
Cada vez estoy más convencido de que lo que tengo es una sobrecarga, un yo-qué-se desajustado, provocado por un miedo inconsciente a dañar mi rodilla derecha. Esto ha debido modificar mi pisada, forzando la pierna izquierda hasta que ha dicho "¡Basta!" dejándome con una cara de bobo digna de cualquier diputado sesteante en una sesión rutinaria del Congreso. Justo cuando mejor estaba, cuando me las prometía más felices, cuando el viento soplaba en popa. De ahí viene el sentimiento de mi anterior post, que podría haber titulado Rabia Contenida (como la bochornosa composición de los infumables Por Ahí Band, fíjate tú)
Ahora, después de haber comprobado el martes que sigo pocho, las opciones de terminar el maratón las veo escasas. Y me fastidia enormemente. Para mí terminar este maratón es un premio después de lo que he penado estos meses. Y pasar de afrontarlo como nunca a pensar que no lo vas a poder terminar es demasiado contraste en tan poco tiempo.
Pero nada. Sigo decidido a plantarme en la línea de salida, y compartir con amigos esos nervios, esa risa tonta, esa alegría, la paz antes de la tormenta. Y correr los 42.195m como pueda. Calculo que las probabilidades de terminar el maratón (sin riesgo para mi físico, se entiende) son del 10% ¿No merece la pena intentarlo? Pues si, sí que vale la pena. Creo que si logro cruzar la meta del Retiro los sentimientos serán mucho más intensos que la primera vez. Y si no se logra, pues no pasa nada. Le echo la culpa a la inoportuna lesión, me dedico a recuperarme del todo y a buscar nuevos retos por esos senderos vacíos de gente y repletos de vida por los que troto.
A la hora de la comida iré a la Feria del Corredor, en el Pabellón de La Pipa de la Casa de Campo. Recogeré dorsal, chip y los abalorios que den, veré a algún colegui (Cabesc, Manta ...) y me iré a recoger a los críos al cole empapado de esa sensación única que destila el maratón. Disfrutaré esos momentos previos a lo que ocurra el domingo. Porque, una vez que tienes el dorsal, es como si hubiera empezado la carrera. A atiborrarse de pasta, descansar, hielo, traumeel e ibuprofeno para las pupitas... el maratón está aquí. A por él.
P.D. Después de una breve charla con los Correpocos Emilio y Bassrunner, he decidido lavar a mano la camiseta roja del Club, embadurnarme de vaselina y correr con ella. Hala, otro hándicap de esos más a la lista. Hay que estar majara, oye...
Correpoco es un grupo de amigos que disfrutan corriendo... aunque ahora lo haga cada uno por su lado.






