Ayer me cortaron el pelo. Mi incipiente melena, que ya era notoria, ha dejado paso al típico corte de pelo que siempre he odiado. Ni corto ni largo, y encima me tocó que Coral me cortara el flequillo en casa. Me lo habían dejado tan largo que parecían los bigotes de Dalí con el grosor de los de Otto Von Bismark. Como un carnero, vamos.
Y eso que me las prometía muy felices cuando la peluquera, mientras me sentaba, me decía:
- Te queda muy bien el pelo largo...
- Gracias ("un poco de peloteo", pensé, "no está mal...")
- Te lo cortarás poco, ¿verdad?
- Sí, arreglarlo un poco y ya está... quiero dejarmelo así, largo.
- Mejor...
Siempre he tenido claro que el concepto POCO en peluquería es como el tiempo en geología. Un millón de años no es ná. O como en agricultura, donde un metro no es holgura. Pero enfrentado a una voraz tijera es inútil delimitar el rango. Estás en sus manos, como en una operación con anestesia total. Tampoco vale decir "sólo las puntas" porque, como todo el mundo sabe, esa medida es un valor indeterminado entre 1 y 15cm. Si hay pelo siempre habrá una punta que cortar.
Aunque, con los años, he aprendido a relativizar los fiascos del hairdressing a base de experiencia. "Burro esquilao, a los 15 días igualao", me recuerdo. Y a mí me crece rápido el pelo, así que no problemo.
En fin, recién esquilado y con menos peso del habitual (tengo mucho pelo y la descarga ha sido importante) me voy a correr. Se nos ha hecho tarde, y vuelvo a salir a las 11PM. Encima estoy cansadísimo, pero tengo que salir. Ni miércoles ni jueves podré (y el viernes está por ver) así que ánimo y a la Cuña Verde. El calor es sofocante, empiezo a trotar ... chequeo de rodillas... parece que bien ... miro adelante... qué noche tan ... desenfocada..."¡¡¡Joder, las gafas!!!"
Vaya tela. Por primera vez en 4 años resulta que salgo sin mis gafas, de noche, cuando los miopes lo somos por partida doble. Pero pienso en positivo: "me vendrá bien para secarme fácilmente el sudor, y además las gafas no se empañarán ni se quedará esa molesta gota de sudor pegada a la lente". Me voy cruzando con bultos a los que identifico demasiado cerca, con el consiguiente "glubs" cuando se trata de una persona (o dos en actitud cariñosa). Lo mejor será terminar rapidito el rodaje, pero las piernas no pueden más y se niegan a acelerar.
¿Eso es una papelera? Noooo es un tío tumbado en un banco... juer, qué poco ilumiado está el Parque... recuerdo a Rompetechos y me imagino a mí mismo hablándo a una farola. Delirante. Me vendrían bien unas lentillas, se corre mejor sin las gafas, a pesar de que las mías son de titanio ultraligeras.
Y al final llego a casa, después de casi 9km a 6:15 de media. Penoso. Totalmente reventao, cansado y sudoroso, con las piernas p'al arrastre y con esa encantadora y hechizante mirada, por melancólica, que tenemos los miopes. El espejo del ascensor no miente. Sin ver como Rompetechos. Sin pelo y sin fuerzas como Sansón. Pues así estoy, espero que por no mucho tiempo.
Menos mal que, al menos, no llevo el flequillo de ayer...
Correpoco es un grupo de amigos que disfrutan corriendo... aunque ahora lo haga cada uno por su lado.


