miércoles, septiembre 10, 2008

Una buena ducha antes de acostarse

por: Zerolito

Ayer terminó el capítulo de mis pelos. La cosa concluyó en un buen corte, ésta vez en una nueva peluquería (y ya van...). Como colofón contaros simplemente que el peluquero se quedó asombrado ante lo desigual y poco favorecedor corte que lucía, el cual corrigió a base de meter la tijera a base de bien. Eso sí, ésta vez con mi permiso.

Pero vamos al tema del correr, que es de lo que se nutre el blog. Lanzo una pregunta:

¿Quién fue el loco que se atrevió ayer a salir a las 10:20PM justo 5 minutos antes de que descargara una tormenta tremenda en Madrid?

Claro... no podía ser otro que un servidor. Como tenía que darme una ducha después del rape, pensé ..."mejor una ducha después de un buen trote cochinero". Porque claro, después de Cercedilla no había salido y no quiero dejar tanto tiempo entre carrerita y carrerita. Así que me vestí de romano, me despedí de los críos y de Coral y ... ¡a nadar!

Fue impresionante. Había un ensordecedor y constante tronar. De repente ví un relámpago, y otro y otro... eran contínuos. No llevaba ni 500m cuando empezó a llover. Bueno, eso ya me lo olía. Pero lo que fue una sorpresa fueron los goterones que caían cuando llegué al primer km. La calle, seca aún, tenía unas marcas de gotas del tamaño de galletas Digestive, esas enormes e acartonadas formas redondeadas. De repente...¡Ay! me cae una gota y me hace daño. Increíble. Y otra... y otra... nadie en la calle. Normal. Sólo yo y las gotas agresoras. "Pues vaya lluvia relajante" pienso mientras trato de no acelerar el ritmo, que debía ser suave. "Menos mal que no es granizo, aunque lo parece...". Me quito las gafas porque no veo nada y tengo miedo (de verdad) de que se rompa algún cristal.

Unos adolescentes se guarecen debajo de unos setos. "Estos críos... por no irse a casa se van a calar como sopas". No hay nadie a lo largo de la Cuña Verde. Sólo los rayos, las nubes, las gotas macarras que golpean inmisericordes y los truenos. Al poco cesan de caer Digestives y empieza una intensa lluvia no agresiva... bien. Desde lo alto del parque tengo una de las vistas más hermosas de Madrid, desde las KIO, Picasso (soy incapaz de integrar las 4 torres de la antigua Cuidad Deportiva), el faro de Moncloa, Plaza de España, Palacio Real... muy bonitos con la luz centelleante de los relámpagos. La tormenta se desplaza hacia el norte. Llego al final del Parque, toca dar la vuelta.

La lluvia enmudece y me acompaña un dulce murmullo de agua cayendo entre hojas y charcos. Incluso pequeñas cataratas por las torrenteras me hacen dar algún salto. La media luna creciente aparece entre las nubes mientras la tormenta se aleja. El aire es puro y me dan ganas de alargar el rodaje. Pero se que Coral estará preocupada así que emprendo el viaje de regreso a casa.

Después de estirar, ducharme y cenar, ya cerca de la una de la madrugada, empiezo a oir un ruido ensordecedor. Estaba cayendo una tromba de granizo como pocas veces he visto. La calle blanca, un torrente bajando por delante de mi calle. Los árboles desprovistos de gran parte de sus hojas por la dureza del granizo. Sirenas de bomberos y alguna que otra alarma de un coche. Vaya tela, menos mal que no me tocaba tirada larga...

5 comentarios:

Mildolores dijo...

Pues yo por San Rafael, Los Leones y esa zona. ¡Figurate! Cuando llegué a Madrid me traje a rebufo el tormetón que cayó sobre las 12:30

Salí a correr a las 18:00 h por Valsain y amenazaba una tormenta brutal que por suerte no me cayó en plena montaña. A partir de las 20:30 fué el fin del mundo.
Y luego continuó aquí.

Mildolores dijo...

En la primera referencia horaria (toma ya) que digo, quise decir a las 00:30, claro.

BassRunner dijo...

A mí me da muchísima pereza si tengo que salir cuando está lloviendo, de hecho casi nunca lo hago, pero me encanta cuando me pilla en camino (siempre y cuando no sea granizo ni gotas Digestive).

yoku dijo...

Estoy con Bass... si miras por la ventana y llueve a mares, como que da pereza. Pero si estás correteando y empieza a llover... uno de los mayores placeres.

Por cierto, las Digestive son mis galletas favoritas :-)

Gregorio Toribio Álvarez dijo...

Si es que nos pasa de todo. Hace dos veranos, subiendo un puerto de montaña se lio un tormentazo con rayos incluidos y tuve que volverme haciendo autostop del miedo que me dio.

A veces no tenemos claro si salir con mallas o directamente con el bañador.